|
Naturalli
|
|
|
Secretitos para ser feliz
Rebecca
Aguado Pues sí, la verdad andaba bien desganada
cuando llegó a visitarme Ana Elena, envuelta en ese armonioso halo que la
anuncia a leguas. En cuanto la vi comencé a quejarme de lo mal que me iba, de
la molestia premenstrual que traía, de que Joel
no me había llamado, de que no podría ir al antro
porque no tenía dinero, de que había abandonado la
dieta, de que mi mamá estaba insoportable...
y encima tenía que escribir esta colaboración y ninguno de mis materiales me
gustaba del todo. Mi amiga me escuchaba con una delicada
sonrisa bailando en sus labios. En algún momento de mi perorata un
flashazo me iluminó la conciencia: ¿a quién demonios le estaba contando todo
eso? Ana Elena está desempleada; enfrenta
una progresiva pérdida de la vista; hace dos años
que no se compra zapatos nuevos; sus padres andan
de la greña todo el tiempo; no pudo terminar su carrera porque tuvo que
ponerse a buscar chamba para ayudar con
los gastos de la casa; no tiene novio ni perro
que le ladre... Y ahí estaba su sonrisa, apenas un
gesto intuido e invencible, como el de la Monalisa... Calladamente la vergüenza comenzó
a invadirme. Lo dije. Luego hablamos de lo
verdaderamente importante. Lo que sigue es la
reflexión que me provocó conversar con alguien que es feliz porque ha
decidido serlo en este presente. *
* * No es cierto que la felicidad está
contenida en el hecho de tener otro coche, un mejor trabajo, una casa más
grande, unas vacaciones de 15 días en Cancún, un novio de película, perder
los kilos de más, o tener otra nariz. La felicidad va más
allá de tener o no tener cosas. En cuanto poseemos el objeto de nuestro
afecto, la felicidad se nos escapa como arena entre los dedos; descubrimos,
desencantadas, que lo que queremos es “otra cosa”. ¿Cuál?
Ahí está el detalle, como diría Cantinflas. Esto deja al descubierto el gran
secreto: la felicidad es un estado de ánimo. La frecuencia a la que vibra
nuestro interior surge desde el centro para unificar cuerpo, mente y espíritu,
y nos hace sentir plenas. Sin embargo –me dirás–, si la plenitud está ahí,
¿por qué no la sentimos? Quizá porque la luz
interior de gozo personal está sepultada bajo
pensamientos erróneos, miedo al cambio, inseguridades, fracasos... pocas
nos atrevemos a remover los escombros para zambullirnos en una verdadera
introspección. Las
tajadas de vida
Sólo existe el presente,
porque éste es el momento en que estás viva y
puedes experimentar, sufrir y gozar. El pasado pasó; el futuro es la
concatenación de presentes. Y si quieres tomar una decisión o pensar en el
pasado o en el futuro, lo tienes que hacer aquí y
ahora. ¿Recuerdas cuando por primera vez
el amor de tu vida te dijo que te quería? ¿Cuando
después de un sufrido embarazo y un parto difícil tuviste
a tu hijo en brazos? ¿Cuando después de años de estudios al fin lograste
titularte? En esos momentos seguramente tu felicidad era tan intensa que no
hubieras cambiado tu lugar con nadie, porque vivías el presente con
todo tu corazón y sentidos. El presente tiene fuerza
explosiva y puede manifestarse con tal intensidad que asusta perderse en
él. Nos produce pánico experimentar una dicha tan grande que nos vuelva locas,
o una desesperación tan profunda que nos hunda para siempre, por eso tendemos
a evadir el presente; tanto así que Houdini era un aficionado comparado
con los medios que ideamos nosotras para escapar de
nosotras mismas. Los
caminos de la evasión
Enfocar tu atención en el: “cuando
tenga... cuando consiga.... cuando sea... cuando haga.... ¡seré feliz de a
deveras!”, sólo consume energía porque te estás preparando para
sucesos que quizá nunca llegarán o se retrasarán tanto que te
desilusionarás antes de tiempo. Concentrarse en el pasado para
reconocerse en la amargura de la desdichada infancia, o en el rencor del “si
yo hubiera hecho...”, o llorar por la juventud o el amor pasado, no ayuda sino
a que el presente se nos escape. Y acuérdate: el
presente, tres segundos después ya es futuro. Podemos escapar para olvidar todo,
no sentir dolor, no tener responsabilidades, ir a la Luna, de viaje, o vivir en
un mundo utópico. Todas lo hacemos: las niñas sueñan
sus fantasías, nosotras las vivimos de
otros modos: vemos tele como descerebradas;
tomamos alcohol a lo bestia, fumamos como chacuacas
vetustas; tenemos sexo con el primero que nos dice “ojos
negros”... Algunas toman otro tipo de drogas, y algotras nos
metemos obsesivamente en la computadora, flirteando con
seres virtuales. Otra técnica es el busy-back-soon
(ocupadísima, ahora vuelvo): la dispersión
o la hiperactividad. Si hacemos muchas cosas al mismo tiempo disminuimos la
intensidad de cada una de ellas. Y así no disfrutamos ninguna. Para evitar el
ahora recurrimos a las generalizaciones; ésta es una forma de querer abarcar
algo sin decir nada; hablar “en teoría” evita abrir
el corazón a la verdad de cómo nos sentimos y qué es lo que nos está
pasando. Gozar de las cosas y amar nuestra
propia existencia ofrece tantos caminos como estrellas
hay en el firmamento. Encontrarlos y recorrerlos depende de ti. Conversar con Ana Elena me permitió
elaborar la siguiente lista de actividades a poner en marcha cuando ando de
capa caída y me entra la neura. Borra y añade
cuanto quieras: - Sonríe y contagia
esa sonrisa - No compares lo real con lo
imaginario - Vuelve a ser como niña otra
vez - Escúchate
a ti misma - Simplifícate la
vida - Conviértete en lo que realmente
eres - Hazte un regalo –de la
naturaleza que sea– diario - Disfruta de las pequeñas
cosas - Acércate
a lo que te gusta - Atiéndete a ti
misma - Reconoce responsabilidades, y hazte
cargo de ellas - Agradece que estás viva, y disfrútalo - Aprende
constantemente - Baila, camina, ama
tu cuerpo - Pregunta lo que no
sabes - Fíjate en lo grandes que pueden
ser las cosas pequeñas - Ejerce el sentido del humor - Regálate
un masaje - Elige lo que realmente quieres
hacer, y ámalo
9/12/06
|
|
|
Aceptamos American Express
|